¿Cómo equilibramos la membresía con nuestro compromiso por la equidad?

La membresía es un sistema de subsidios en el que quienes pueden pagar por el periodismo lo hacen, al menos en parte, para que todos puedan acceder. Pero existe una tensión creciente entre la misión de servicio público de los medios impulsados por miembros y contar con un programa de membresía, que inherentemente tiende a la exclusividad.

Algunos medios no tienen problemas con que haya privilegiados. Pero cada vez más organizaciones luchan para conciliar su compromiso con la equidad y la inclusión con una base de membresía definida por el apoyo económico, que de ese modo termina siendo más pudiente y menos diversa que la comunidad a la que el medio sirve. Esta tensión es particularmente pronunciada en sociedades donde sólo una minoría puede pagar por la información.

En vez de tratar de eliminar esta tensión, MPP recomienda que cada medio la identifique y la reconozca. Aquí hay tres ejemplos.

Scalawag, una revista digital sobre el sur estadounidense, “ilumina el disenso, incomoda los relatos dominantes, busca la justicia y la liberación y se solidariza con las personas y las comunidades marginadas del sur”. Su base de membresía es más blanca y más pudiente que la comunidad a la que sirven. Para ellos, la membresía es una forma de redistribución de la riqueza y reparaciones mediáticas.

City Bureau, un laboratorio de periodismo cívico de Chicago (EE.UU.), tiene un programa de membresía para quienes aportan económicamente de manera recurrente. También tienen a sus “Documenters”: chicagüenses a quienes capacitan y pagan para concurrir a reuniones del gobierno local y documentarlas. Los “Documenters” no son miembros en el sentido tradicional: en lugar de apoyar económicamente a City Bureau, City Bureau les paga a ellos. Pero en la cabeza de City Bureau, tanto los “Documenters” como quienes aportan dinero son miembros. Maldita, un medio español, tiene un arreglo similar. Cuenta con sus embajadores, que apoyan económicamente, y también colaboradores con “superpoderes”, que son voluntarios que aportan sus conocimientos para ayudar a Maldita a verificar datos para combatir la desinformación.

Para Frontier Myanmar, un medio basado en Yangon que informa en inglés y en birmano, la membresía es un paquete de productos de élite que permite mantener el acceso gratuito a lo central de su producción periodística en ambos idiomas. Al lanzar su membresía, el equipo del Frontier sabía que la mayoría de sus lectores en condiciones de pagar no serían locales: 80% de sus miembros son inmigrantes en Myanmar o gente que vive fuera del país.